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  • La lotería de Suso.

    Criticar: ese verbo tan nuestro, tan bien conjugado y tan poco pensado.

    Se critica cuando se hacen las cosas mal, como es natural, pero también cuando se hacen bien, no vaya a ser que alguien destaque sin permiso.

    Lo importante no es el motivo, sino el gesto.

    Criticar por sistema. No dejar títere con cabeza y, si queda alguno en pie, darle también.

    Con o sin razón —detalle menor en estos tiempos— la crítica se ha instalado cómodamente en el discurso cotidiano.

    Es un ruido de fondo permanente, una especie de banda sonora nacional que acompaña cualquier iniciativa, por mínima que sea.

    Aquí nadie se salva: el que no hace nada, por inútil; y el que hace algo, por sospechoso.

    Estos días he asistido, con cierta perplejidad, al linchamiento de un alcalde lanzaroteño por la temeraria osadía de comprar unos décimos de lotería.

    Décimos pagados, conviene repetirlo para los despistados, con dinero salido de su propio bolsillo. Y que, en el improbable caso de que la suerte sonriera, se repartirían entre los vecinos del municipio.

    Un gesto simple.

    Demasiado simple, quizá, para una sociedad que desconfía incluso de los actos gratuitos.

    La ocurrencia no es nueva. Pero ha sido ahora cuando el murmullo se ha convertido en aullido, cuando la sospecha ha encontrado su presa y la crítica su excusa.

    Porque aquí no se trata de hechos, sino de intenciones, y siempre hay quien está dispuesto a leer segundas, terceras y cuartas intenciones donde apenas hay un gesto.

    Para gustos, colores.

    Pero la libertad individual de un ciudadano para hacer con su dinero lo que le venga en gana debería estar fuera de toda discusión.

    Sin embargo, en esta tierra hasta eso parece intolerable.

    Y así seguimos: desconfiando de todo, criticándolo todo, erosionándolo todo.

    Luego nos preguntamos por qué no queda nada en pie.

  • Alumnos.

    Hoy, en el Museo de Punta Mujeres, pasó algo importante.

    Recibimos al alumnado del CIFP Zonzamas (Peluquería y Estética) y convertimos una visita en una experiencia con sentido.

    No vinieron a escuchar una charla.

    Vinieron a entender, a hacer y a aplicar.

    Conocieron el Aloe no sólo como planta, sino como un recurso real con valor para el cuidado de la piel y el cabello.

    Lo tocaron, lo trabajaron y lo transformaron en producto.
    Y eso marca la diferencia.

    Porque cuando alguien crea algo con sus propias manos, el aprendizaje deja de ser teoría y se convierte en conocimiento útil.

    Esto es formación con impacto.
    Conexión con el territorio.

    Gracias al alumnado y al equipo docente por apostar por una forma de aprender que suma y deja huella.

  • Día de fabricación.


    Hoy tocó fabricación.


    Aloe recién cortado.


    Un olor limpio, verde, imposible de fingir, que se mete en la fábrica y te recuerda por qué hacemos lo que hacemos.


    ​Además, han venido compañeros que se han incorporado recientemente al equipo.


    No a escuchar discursos.


    A ver el proceso de verdad.


    A tocarlo, olerlo y entender desde dentro dónde están entrando.

      
    ​Gracias por la visita!!!

  • Real Madrid.

    Me gusta comparar la empresa con el deporte porque creo se entiende mejor.

    En ninguno de los dos se gana por nombre ni por historia.
    Se gana partido a partido. Día a día. Sudando la camiseta.

    Muchas decisiones empresariales se explican mejor en ese lenguaje: cada proyecto es una final y cada error se paga caro.

    Por eso, lo que estamos viendo hoy en uno de los clubes más grandes del mundo es un aviso a navegantes.

    También hay empresas que se creen irremplazables, intocables, eternas.
    Y no lo son.

    Rodearse de talento es imprescindible.
    Pero el talento sin equipo no gana.

    Los proyectos que rozan la gloria no lo hacen por egos,
    sino por cohesión.

    Da igual que seas el más grande, el más admirado o el más temido.
    Sin equipo, sin compromiso y sin un objetivo compartido, no hay gloria.

    Solo caída.

  • Venezuela.

    Ayer me preguntó una compañera de trabajo por qué no había escrito nada sobre lo ocurrido en Venezuela.

    Le respondí que muchas veces opinar rápido suele salir caro.

    Al principio todo se presenta de forma sencilla: blanco o negro, buenos y malos.

    Pero el tiempo —que suele ser el único juez fiable— introduce el gris. Mucho gris.

    Desde fuera es fácil hablar de legitimidad o de ilegalidad. Desde dentro, los países no se mueven por valores, sino por intereses.

    No es cinismo. Es la lógica desnuda del poder y la constante de la historia.

    Ningún sistema cae de un día para otro, tiene su proceso.

    Se degrada. Se retuerce… y finalmente se derrumba.

    El poder, como la fruta, cuando se pasa de madura, no cae. Se pudre.

  • Aterrizar.

    Esta foto se hizo el último día de 2025.

    Un avión de EasyJet aterrizando en Lanzarote, entrando desde el norte.

    Impresiona verlo tan bajo, cruzando la circunvalación a pocos metros de los coches.

    Ahí entiendes de verdad lo que significa aterrizar.

    Y me gusta esa palabra. Mucho.

    Porque aterrizar no es fracasar.
    Es tocar suelo.
    Es dejar de imaginar y empezar a pisar.

    Vivimos tiempos raros. Inciertos. Cambiantes.

    Y cuando todo se mueve, lo inteligente no es volar más alto,
    sino asegurarse de tener los pies bien puestos en el suelo.

  • Esther.

    Siempre me ha gustado la frase de: «algo debe tener el agua cuando la bendicen«, porque al final habla de resultados.

    Al ver, hace apenas unos días, cómo Esther Cabrera era reelegida presidenta de la Asociación del Transporte Turístico de Lanzarote (ASTRATUR), la frase volvió a cobrar sentido. 

    No por costumbre, sino por merecimiento.

    Esther ha sido pionera, pero sobre todo ha sido eficaz. 

    Ha puesto a la mujer en el centro de la toma de decisiones en Lanzarote desde la gestión real, la que implica riesgos, números y responsabilidad.  

    Desde el volante —real y simbólico— de una de las empresas de transporte más importantes de Canarias, ha conducido algo más que una empresa de guaguas: ha movido inercias. 

    Muchas mujeres la toman hoy como referencia porque Esther no fue excepción, fue precedente.  

    No debió de ser fácil. Nunca lo es.

    Pero en un mundo históricamente gobernado por hombres, esta mujer de Tinajo ha demostrado, con hechos la valía y el coraje que definen a la mujer lanzaroteña.

    Y eso, como el buen estilo, no se improvisa: se sostiene.  

  • Lluvia

    Así lucen nuestras plantaciones en Lanzarote.

    La lluvia llegó en Navidad como llegan las cosas importantes: sin pedir permiso.


    Empapó la tierra, la volvió fértil y recordó quién manda aquí desde siempre.


    Si la paciencia no nos falla, 2026 sabrá responder con frutos.

  • Unicef

    Justo cuando la magia de la Navidad empieza a colarse en los ojos de pequeños y mayores, tenemos algo importante que contarte.  

    Aloe Plus Lanzarote acaba de renovar el convenio de colaboración con UNICEF dentro del proyecto Empresas por el Cambio.

    Y no es un gesto simbólico. Es un compromiso real.

    Este proyecto impulsa programas de infancia en más de 150 países, con un foco claro: educación, acción climática y un futuro con más oportunidades.

    Nuestra aportación no se queda sólo en una contribución económica.

    También asumimos la responsabilidad de que cada acción que llevamos a cabo sume a los Objetivos de Desarrollo Sostenible:
    educación, clima y reducción de desigualdades.

    Porque creer en la ilusión está bien.

    Pero trabajar para que todos los niños tengan un futuro digno está mucho mejor.

  • ONU Turismo

    ¿Y Canarias, qué?

    Acabo de leer en Tourinews que el Gobierno de España va a pedir que Euskadi y Cataluña entren como miembros asociados de la ONU Turismo. Estupendo.

    De verdad. Bravo por ellos. Es un notición y se lo han ganado.

    Ahora bien.
    La pregunta que quema es otra:
    ¿Por qué no se ha pedido lo mismo para Canarias?

    Canarias no es “un destino más”.
    Es una potencia turística mundial.


    Este año el archipiélago puede rozar los 18 millones de turistas, apenas un millón menos que Cataluña… y unos 14 millones más que Euskadi.

    Un lugar que mueve esas cifras no es un actor secundario: es protagonista, es escaparate y es motor económico de medio continente.

    Nuestros vecinos de Madeira ya son miembros asociados de esta organización. Madeira, con algo más de 2 millones de turistas al año, está dentro porque su gobierno así lo quiso. Y me parece perfecto.

    Pero entonces, ¿qué pasa con Canarias? ¿En qué momento hemos decidido conformarnos con menos de lo que corresponde por peso real en el mapa turístico del mundo?

    Porque no es solo cuestión de números.

    Es la planta alojativa.
    Es la oferta cultural y de ocio.
    Es una gastronomía que cada vez colecciona más premios y reconocimientos.
    Es el talento de la gente que sostiene todo esto, temporada tras temporada, crisis tras crisis.

    Motivos sobran para que Canarias sea un miembro más de la ONU Turismo.

    No queremos favores, queremos jugar en la liga que nos corresponde.